
Al tiempo que alientan
que se subvencione la educación privada, acusan a las infrafinanciadas
universidades públicas de derrochar, cuando la realidad es que la subida
de tasas obligará a millares de estudiantes a abandonar sus estudios.
Con un 60% de paro juvenil, 6 millones de parados y el sistema Bolonia
que dificulta que los estudiantes compatibilicen trabajo y estudios
¿Cómo demonios van a pagarse la carrera?.
Aluden, sin habérselo
leído, a los datos del informe Pisa sobre el fracaso escolar, ignorando
que el mismo informe reconoce los logros de la educación en España a
pesar de su escasa financiación; casi a la par con Francia en resultados
de conocimiento y por encima de Italia. Ignoran que el informe Pisa de
2009 señalaba que los resultados escolares de los estudiantes españoles
de bajos ingresos superaba la media de países de la OCDE y que, en el
último medio siglo, sólo Corea del Sur e Irlanda superan la evolución
educativa española que tuvo que remontar el desastre que representó el
Franquismo. Para que se hagan una idea, el 65% de los jóvenes andaluces
superan en titulación a sus padres. ¿Por qué hay entonces tanto fracaso
escolar en España? Básicamente por dos razones; unos altos niveles de
exigencia inexistentes en los demás países (en España no se puede seguir
estudiando sin el título de ESO) y por la estafa del boom inmobiliario
que empujó a muchos jóvenes a dejar de estudiar para ponerse a trabajar
en la construcción.
Pero ¿Quiénes son los
defensores de las reformas de Wert? Desde luego nadie de la comunidad
educativa, unida como un puño (estudiantes, personal administrativo y de
servicios, madres y padres, docentes y hasta los rectores) para
enfrentarse a un gobierno que está desmantelando la educación pública.
No olvidemos que al tiempo que los licenciados más brillantes de nuestro
país negaban el saludo al ministro Wert y el alumno con mejor nota de
selectividad lucía la camiseta verde de los defensores de la educación
pública, la casta gobernante contrata como asesores a los jefes de sus
juventudes, como Juan Carlos Caballero, con sueldos de escándalo o
premia la prudencia al volante de Ángel Carromero con un nombramiento
como asesor en el Ayuntamiento de Madrid. Esos son los defensores de
Wert. Ni Carromero ni Caballero recibirán una distinción por su
rendimiento académico pero cobran sueldazos al tiempo que exigen a los
jóvenes que apechuguen y que asuman que es mejor cobrar 500 euros que no
cobrar nada. El caso del más famoso defensor de la política educativa
del gobierno, el señor Francisco Marhuenda, es más que llamativo;
docente en una universidad pública es materialmente imposible conocer
los datos de su rendimiento académico cuando era estudiante. En lo que
se refiere a sus tareas investigadoras, nada se dice en la web de su departamento y el portal dialnet
aporta magros resultados; todo lo contrario que una mayoría de
profesores malpagados que sólo cobran de su actividad docente e
investigadora y que se ven obligados a mantener (y a publicar)
currículos de excelencia para tener alguna opción de permanecer en la
Universidad.
Lo diré llanamente, el
modelo educativo de esta derecha convertirá las universidades en un coto
privado de aquellos que puedan pagar y destruirá el mérito para
favorecer a una casta de cobardes acríticos y lameculos. No es nada
nuevo; así se prosperaba en el Franquismo.