Apuntes sobre la democracia (Jose Saramago)

Cuando digo que la democracia se suicida diariamente, pierde espesor y se desgasta, disminuyendo su densidad, estoy hablando de un sentimiento que nos afecta, a nosotros, ciudadanos. Sentimos, y sufrimos con eso, que no tenemos importancia en el modo como funciona la sociedad.

Podemos escoger nuestros representantes, elegirlos, hay representación democrática, todo funciona dentro del sistema, de sus condicionamientos, pero la verdad es que nuestra capacidad de cambiar los destinos del país y del mundo está limitada por la propia organización democrática. El poder efectivo real es, a buen seguro, el poder económico.
Es una plutocracia. Y el poder económico no es democrático, lo que es la gran contradicción del sistema. Nos dicen: «sois ciudadanos de pleno derecho, la democracia es el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo», pero se trata de una retórica un poco fatigante, porque los destinos del mundo son conducidos por unas cuantas multinacionales, cuyos consejos de administración no se presentan al electorado.
Vivimos en una esquizofrenia sistemática en que se habla de la democracia en las páginas de los periódicos, un poco por todas partes, pero la realidad es que, a pesar de que podamos elegir nuestros gobiernos, no llegamos ni más alto ni más lejos, porque los gobernantes son comisarios políticos del poder económico. No me canso de repetirlo.
Vivimos en un mundo en que todo se debate, de la tercera edad a la ecología, en mesas redondas, coloquios, simposios, millones de personas se reúnen para discutir, pero la democracia no se debate, como si fuera algo prácticamente intocable. Me parece más que absurdo que así sea.
Ella está aquí, hay que aceptarla, lo que no nos impide criticar, observar, analizar. Aristóteles decía que, en el sistema democrático, los pobres deberían estar en el gobierno de la polis , lo que no significa que los ricos no estuvieran representados. En esa democracia gobernada por los pobres, se sabe que son los ricos que conducen la política: la banca, las grandes multinacionales. Vivimos en un tiempo en que el empleo alcanzó un grado de inestabilidad extrema. Ningún gobierno mentalmente decidiría que el empleo no fuera permanente. Es el poder económico que lo decide. O sea, el poder no democrático gobierna la democracia.
Cuando hablamos de la Humanidad, parece que estamos refiriéndonos a una abstracción. Están ahí, los individuos, pero ¿quiénes son ellos, quiénes somos nosotros? Las grandes masas están subyugadas, ya no digo por un poder ideológico, sino por un fenómeno de globalización económica, que se transformó en una globalización política.
Via: Reflexiones de Jose Saramago